Érica Farías va por la hazaña y la gloria ante Cecilia Braekhus -La pelea terminó con el mismo estado de ánimo con el cual empezó. La sonrisa del inicio tuvo su réplica unísona y continuadora en la sonrisa del final. Y el agradecimiento por la chance de subirse al ring, sin mayor ambición que la de cumplir un sueño, fue el punto culminante del saludo final, casi sin mencionar el resultado del combate, como dando por hecho un camino que, de terminar ahí mismo, podía considerarse como cumplido.

Esa escena tuvo lugar el 25 de julio de 2009, hace ya casi ocho años, en el estadio de la Federación Argentina de Box, donde una Érica Farías de apenas 25 años recién cumplido tuvo su debut profesional ante Betiana Viñas.

Y sobre ese modesto logro de debutar profesionalmente tras una carrera brillante en los mismos albores del boxeo femenino argentino, Farías supo construir, pelea a pelea, paso a paso, una carrera que la llevará este viernes a enfrentar a la mejor boxeadora del mundo en su tierra, cuando choque este viernes 9 de junio en Bergen, Noruega, ante la imponente e invicta Cecilia Braekhus (30-0, 8 KO).

En los momentos previos a partir hacia ese enorme desafío, Farías (24-1, 10 KO) repasó su viaje por los cuadriláteros con la misma humildad con la que se manifestó en aquella lejana noche sobre el ensogado de la FAB, y expresando el mismo agradecimiento por una nueva chance, por otro escalón más de esos que viene construyendo con adobe marinado en sudor y amasado con sacrificio, ladrillo a ladrillo y paso a paso.

“En primer lugar, agradecida por la oportunidad que tengo de presentarme ante una gran rival con una gran experiencia como Cecilia Braekhus, una boxeadora muy completa”, afirmó Farías durante un alto en su lugar de entrenamiento usual, el C.E.D.E.M. No. 2 de Caseros. “Es una pelea que yo buscaba hace tiempo, y supe esperar hasta que llegó la oportunidad, y no quiero desaprovecharla. Se trabajó muy intenso durante tres meses, se hizo un cambio de equipo por algo que no tenía nada que ver con la propuesta de pelear con Cecilia. Pero creo que llegó en el momento justo porque hicimos un trabajo muy diferente al que yo venía realizando arriba del ring. Lo mejor que tengo se explotó al máximo y se incorporaron cosas nuevas”.

Erica Farias Foto: Anibal Greco

El nuevo equipo de Farías, encabezado por el experimentado Juan Ledesma, llega en un momento muy especial en su carrera, en el cual las expectativas son muy grandes. Pero Farías confía en que el trabajo realizado se sumará a todo su caudal previo para generar la mejor performance de su carrera.

“Muchas veces me han dicho que no soy una boxeadora de trabajar en zona media o quizás me falta desenvolverme un poco más, y hoy creo que con Juan hemos llegado a un nivel importante y se va a ver el día de la pelea”, afirmó, mientras espera a volcar sus nuevas enseñanzas en el ring. “No solo es pelear con Cecilia y traer las cuatro coronas a Argentina, sino también desarrollar todo lo que se ha venido trabajando”.

Los nervios de una presentación así no le escaparían a nadie, pero Farías se caracteriza por subir al ring bailando y terminar sus peleas sonriendo, aún en su única derrota (en Bélgica en 2014, ante Delfine Persoon). Y no es de extrañar que la perspectiva de un desafío que le quitaría el aire a cualquier otra boxeadora le provoque expectativas que van en sintonía con ese mismo espíritu.

“Para mí es una fiesta”, afirma, casi ajena al hecho de que peleará apenas por cuarta vez lejos de su gente. “Desde el momento en que supe que tendría la oportunidad de pelear con Cecilia lo disfruté al máximo, y tuve la oportunidad de ir dos veces a Noruega, y voy más entera psicológicamente. Ya fui, ya paseé, ya conocí, y ahora voy directamente a la pelea, a mi objetivo, que es ganarle a Braekhus”.

De lograr esa hazaña, Farías se convertiría en apenas la segunda boxeadora argentina (hombre o mujer) en alzarse con los títulos de los cuatro organismos más importantes, algo que le llevó a su par, la legendaria Marcela Acuña, toda una vida para acumular de a poco y en diferentes pesos. Y la enormidad de ese potencial logro no le es ajena.

“Uno como boxeador quiere ser campeón y tener los cuatro títulos, no? Es el sueño de todo campeón. Y yo tengo la oportunidad esa noche de ganar los cuatro títulos y sería tocar el cielo con las manos”, afirma, ante la chance de transformarse en la versión femenina del “Chino” Maidana y arrebatarle toda la gloria a la “Mayweather femenina” en su propia casa.

“Hay mucha expectativa en Argentina por esta pelea, la verdad es que me siento muy contenida por los medios periodísticos y la gente, siento que hay mucha gente que me está acompañando en esta oportunidad tan grande, y me siento feliz”, dice Farías. “Estoy disfrutando de cada momento y voy a salir a disfrutar esa noche. Creo que la que más presión tiene es ella, de pelear de local en su casa y con su gente, y querer brindar un espectáculo. Muchos piensan que puede ser una pelea parecida a la de Maidana con Mayweather, pero quizás ella quiera salir a buscar la pelea porque tiene que lucirse ante su gente”.

A pesar de su amplio repertorio y de su agresividad sobre el ring, Farías tiene claro que la magnitud del desafío impone una estrategia clara, y cree tenerla.

“La idea es no entrar en su juego, porque la mayoría de las boxeadoras que pelearon con Braekhus la han respetado mucho y han entrado en su juego de entrar y salir y amagar y molestar a su rival y dejar que se obstaculicen, eso se ha notado en sus peleas,” afirma.”No he notado que la hayan exigido mucho, no he notado que la pongan en aprietos. La clave es ‘mente fría y corazón caliente’, no salirme del libreto y respetar todo lo que se me pidió en el rincón, trabajar round por round, y la única voz que voy a escuchar es la de mi técnico. Si lo hicimos en el gimnasio se puede hacer arriba del ring en la pelea. Cecilia no es una máquina, es un ser humano y corre el riesgo de perder también”.

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Físicamente, la siempre impecablemente preparada Farías tiene todas las herramientas para imponer su mayor fuerza si el choque lo exige en espacios cortos. Pero el aspecto psicológico también entra en juego, y Farías viene trabajando en eso desde que comenzó a hostigar a Braekhus en las redes sociales hace ya un par de largos años para luego viajar a Noruega a refrendar su desafío frente a frente con su rival. Y de esos encuentros es que saca la conclusión de tener bien cubierta esa mitad del desafío.

“No la noté fría para nada,” afirma, contrariando a quienes ven en Braekhus a una boxeadora calculadora y cerebral, más cercana a las convicciones de su tierra adoptiva que a las de su más candente origen sudamericano. “Con tenerla enfrente mío en la conferencia de prensa y mirarla a los ojos, sus gestos y sus movimientos, he notado sus debilidades también. Uno sabe cuando la persona está nerviosa o está preocupada, y no creo que para ella sea una pelea más, y lo dijo ella también. Dijo que con Farías tenía que estar al 110%, y sabe que es una pelea en la que se la va a exigir”.

Ese diez por ciento adicional podría ser físico pero también mental, y Farías cree haber hallado la manera de proyectarlo desde su mente hacia la de Braekhus sin tener que tirar golpes.

“Mi mirada va a ser letal, no van a hacer falta las palabras. Nunca le voy a sacar mi vista de sus ojos, esas es la clave principal. Voy a presionarla todo el tiempo para que sepa que voy a ganarle, y que voy a buscar sus títulos, no voy como una visitante más”, afirma.

Pero con la mirada no basta para moldear los nuevos ladrillos que le faltan para terminar de construir su leyenda personal. El sudor, las lágrimas, la sangre y la labor manual que restan por llevarse adelante son ingredientes de la receta de un reto en el que Farías ha empeñado sus mayores anhelos, y ahora que la arcilla que falta amasar está ahí, frente a sus dedos, es el momento de dar un impulso más.

Si ese impulso lleva al triunfo o no, nada le quitará a Farías la misma vieja alegría de haber llegado y la gratitud de siempre por haber podido vivirlo.

“Me encantan los desafíos,” afirma.”Yo siempre como boxeadora exijo cosas grandes. Si yo me quedo en la mediocridad de pelear con boxeadoras que quizás no me exigen o no están en su mejor nivel, termino siendo la campeona quizás de acá, de Argentina, y yo quiero ser la mejor libra por libra, y enaltecerme en todos los sentidos. Por eso estas peleas a mí me dan felicidad, no me preocupan ni me estresan, al contrario, soy una agradecida por tener esta chance”.

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