Deontay Wilder quiere un mayor reto o mejor salario -Por más que los aficionados y entendidos critiquen a los boxeadores profesionales por seguir, casi en su generalidad, la filosofía del menor esfuerzo y riesgo a cambio de la mayor remuneración, pocos de sus congéneres, en su sano juicio, harían lo contrario estando en su lugar. Llámelo como quiera, naturaleza humana, instinto de conservación o mentalidad de negociante más que de atleta. Da igual.

En un deporte como el pugilismo, en el que, al final de sus días, los practicantes siempre tienen una factura que pagar por concepto de deterioro de sus facultades físicas debido al castigo recibido en el ring, la actitud de los que pretenden sacar el máximo provecho de este sacrificio en el tiempo más breve posible y con el mínimo de golpes acumulados es inteligente, en el sentido más amplio del vocablo.

Visto así el asunto, nada que reprocharle entonces al actual campeón del planeta en las más de 200 libras con el aval del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), el estadounidense Deontay Wilder. El invicto púgil norteño, de 31 años, está a la búsqueda de un rival para su segunda pelea de este calendario y no se puede decir que le falten opciones, aunque no sean las que tiene al alcance las que más aprecie.

Wilder (38-0, 37 KOs) noqueó el pasado mes de febrero, en su natal Alabama, a su compatriota Gerald Washington (18-1, 12 KOs), un sustituto de última hora que despertaba como único interés el hecho de exhibir un récord incólume, el que, para sorpresa de nadie, le arruinaron antes de concluir el quinto asalto (TKO-5). Fue un resultado tan predecible como la mayoría que el campeón ha archivado.

Para la sexta reválida de un reinado del CMB que instauró en enero de 2015, el medallista de bronce olímpico en Beijing 2008 ya tiene una buena oferta que evaluar. El cada vez más prominente promotor británico Eddie Hearn quiere llevarlo al Reino Unido para que defienda su primacía frente a Dillian Whyte (20-1, 15 KOs), uno de los favoritos del público local en la máxima categoría de peso, pues gusta de salir de su esquina a matar o morir matando.

Este emparejamiento serviría de preámbulo para un duelo de unificación entre el norteamericano y el campeón unificado de la categoría, Anthony Joshua (19-0, 19 KOs), a quien legitiman como tal la Asociación Mundial (AMB) y la Federación Internacional (FIB). Desde el punto de vista promocional, un paso previo (Wilder vs. Whyte) que tiene muchísimo sentido, pretendiendo generar más interés hacia la figura del boxeador foráneo entre los hinchas británicos.

Sin embargo, Deontay no está del todo feliz con la propuesta que le ha hecho llegar el presidente de la firma promotora Matchroom Sport y así lo dejó saber a finales de esta semana en las redes sociales.

“Eddie Hearn, hermano, dejémonos de jueguitos con este tema. Los dos sabemos a quién quiero enfrentarme yo de Inglaterra. Tú me dijiste hace ya un tiempo en la convención del CMB que tu principal boxeador (Joshua) sería mi siguiente rival, ¿recuerdas? Entonces, ¿por qué has estado intentando tirar tus cucarachas al cuadrilátero conmigo? Primero, fue (Tony) Bellew y ahora, este sucio (obscenidad) Dillian Whyte… ¡Vamos, hombre!”

“Te digo más…: convierte esa oferta de 3 millones de dólares en 7 millones y (que el contrato se firme) bajo nuestras condiciones. De lo contrario, te costará que cambie los planes que estoy a punto de hacer y no, no será en los términos que tú elijas. ¿Cómo te atreves a venir con una oferta de 3 millones pretendiendo imponer tus condiciones? La última vez que lo verifiqué, yo era el maldito campeón”.

Con estos comentarios que condimentó con otra sarta de ofensas para apuntalar su postura, el dueño del cinturón verde y dorado dejó abierta la puerta para una contraoferta que no debe tardar en llegar. Cualquier pronóstico al que sustente cierta lógica sugiere que, al final, ambas partes llegarán a un acuerdo y el apodado Bombardero de Bronce terminará boxeando en Londres, presumiblemente en la O2 Arena, antes de que concluya este almanaque.

No son muchas las alternativas serias que le quedan por sopesar. La entidad boxística que preside Mauricio Sulaimán ya nombró como su retador obligatorio al haitiano-canadiense Bernard Stiverne (25-2-1, 21 KOs), pero fue justamente a este último a quien Wilder arrebató el título que hoy ostenta con un triunfo inobjetable por votación unánime. No habría que ser un iluminado para vaticinar otra paliza en la revancha.

Una tercera variante sería que su promotor, Lou DiBella, encontrase un final feliz para las negociaciones que afirma haber sostenido (o que aún sostiene) con los representantes del neozelandés Joseph Parker (23-0, 18 KOs), el tercer soberano de la categoría, legitimado por la Organización Mundial (OMB). Pero parece improbable que los manejadores del púgil de la isla del Pacífico lo apresuren con un choque ante un hombre con una pegada demoledora.

Además, volviendo a los argumentos del inicio, el sueldo más jugoso espera por Wilder en el Reino Unido. Muy sensato sería entonces que, sin dejar de regatear un mejor salario, acepte medirse a Whyte a domicilio y asuma ese riesgo como una buena inversión. Si todo marcha como Hearn lo ha visualizado, a mediados o finales de 2018, Deontay estaría aspirando a ceñirse tres fajas a la cintura y cobrar un cheque con un número de 8 cifras frente a Joshua.

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