La OMB legitima el triunfo de Jeff Horn ante Manny Pacquiao -Fin de la polémica: es el mensaje lapidario con el que la Organización Mundial de Boxeo (OMB) ha intentado sepultar la ola de críticas que de manera volcánica se desató en las redes sociales tras el triunfo del australiano Jeff “La Avispa” Horn (17-0-1, 11 KOs) a expensas del célebre Manny “Pac-Man” Pacquiao (59-7-2, 38 KOs), el pasado domingo, 2 de julio, en Brisbane.

Cinco árbitros de diferentes nacionalidades asumieron la engorrosa encomienda del abogado puertorriqueño Francisco Valcárcel, quien preside esta entidad boxística, una tarea que consistía en revisar con la mayor objetividad posible lo acontecido aquel mediodía en un atestado Suncorp Stadium, suprimiendo el sonido ambiente del vídeo para no dejarse intimidar por la algarabía de las más de 51 000 almas presentes que en su mayoría vitorearon al anfitrión.

Y, muy convenientemente, la pesquisa no ha hecho más que ratificar la veracidad de una votación unánime que despertó la indignación de muchos aficionados y no menos entendidos, incluido entre estos últimos el exentrenador y ahora comentarista de la cadena ESPN, Teddy Altas, quien, sin pelos en la lengua, le dijo al ídolo local en la entrevista posterior a la pelea que el resultado fue un robo.

La nueva decisión del referido quinteto multinacional ha supuesto otro fallo en contra del filipino, quien con aquella derrota perdió el título wélter (147 libras) de la OMB y la posibilidad de archivar su sexagésima victoria en una ilustre carrera que le ha visto convertirse en el único hombre en la historia del pugilismo profesional capaz de coronarse campeón del mundo en 8 divisiones distintas.

El análisis, que tuvo lugar en la capital boricua San Juan, sede de la OMB, arrojó tres votos en favor de Horn, uno para el senador de Filipinas y un quinto que se inclinó por un empate. Valcárcel pidió a los colegiados, de los cuales se ha mantenido el anonimato para evitar cualquier represalia en su futuro laboral, que emitieran un dictamen por asalto, empleando una escala de 100, 80 y 60 por ciento según el dominio ejercido por cada púgil en esos tres minutos de contienda.

Con el máximo porcentaje (100 %) otorgaron a Pacquiao los rounds tercero, octavo y noveno; con un 80 por ciento el quinto y con 60 el undécimo, para un total de cinco rondas a la cuenta del astro tagalo. Horn mereció, según el criterio de estos cinco expertos en el arte de impartir justicia, el primero, sexto y duodécimo asaltos (100 %); el segundo, cuarto y séptimo por menor margen (80 %), además del décimo por la ventaja mínima (60 %).

En muy poco o nada afectará este escrutinio independiente la percepción de aquellos que vimos vencer a domicilio al Mejor Boxeador de la Primera Década del Siglo XXI, aunque el hecho de que se tomasen el trabajo de reexaminar los hechos bien merece una ronda de aplausos (considerando que el deporte en cuestión es uno de los más afectados por las pifias arbitrales y precisa cuanto antes de una supervisión regular y exhaustiva –con las consecuentes sanciones– del trabajo de los jueces).

No fue esta una iniciativa espontánea de Valcárcel y compañía, sino una respuesta a la solicitud formal que hiciera directamente a la OMB, casi acto seguido de hacerse público el discutido veredicto, la Junta de Juegos y Entretenimientos de Filipinas (o GAB, por sus siglas en inglés), un organismo gubernamental que en ese país del sudeste asiático supervisa los eventos deportivos a nivel profesional.

“A partir de este resultado (la revaluación), se puede establecer que Pacquiao ganó 5 asaltos, mientras Horna ganó 7 asaltos”, fue la conclusión que publicó la organización con la esperanza (adivinamos los que hemos seguido el culebrón) de exorcizar los demonios que nos metieron en el cuerpo los tres encargados de llenar las boletas aquella tarde dominical.

Un suspiro de alivio, o tal vez del orgullo que produce la satisfacción del deber cumplido, deben haber exhalado el argentino Ramón Cerdán y el estadounidense Chris Flores, quienes entregaron idénticas papeletas de 115-113 favorables al exprofesor de enseñanza primaria oriundo de Brisbane. No será igual de balsámica la noticia para la también estadounidense Walesa Roldan, pues la horrorosa puntuación de 117-111 que entregó (asumimos que de espaldas al ring) no tiene perdón de Dios.

De cualquier manera, la mayor culpabilidad debe recaer sobre un Manny que volvió a perdonar a su contrario cuando lo tuvo a menos de un empujoncito de lanzarlo al abismo. Su incapacidad para cerrar el show en el noveno round ha propiciado esta controversia que nos pudo evitar de haber arreciado el ataque cuando a Horn le temblaban las piernas y huía despavorido más por un reflejo instintivo que por el reconocimiento consciente del peligro que le asechaba.

Por tal motivo, toca ahora al 11 veces campeón del mundo poner punto final a esta historia acogiéndose a la cláusula del contrato que firmaron ambos para el primer combate, aquella que da al filipino el derecho de exigir una revancha. Un segundo pleito para demostrar su indiscutible superioridad sobre La Avispa se perfila como la única solución a tanta discusión estéril.

Esperemos que, de concretarse, Pacquiao encuentre más motivación para afrontar el reto, el tercer hombre en el ring permita menos cabezazos por parte del australiano y los tres jueces actuantes se enfoquen más en los golpes efectivos que en los rectos y ganchos lanzados al aire.

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