Luis Nery, una pantera ante Shinsuke Yamanaka -Quizás nunca antes un pseudónimo, apodo, alias, mote, sobrenombre o como quiera llamarse, tuvo mayor justificación que el utilizado en la carrera boxística por el bisoño mexicano Luis Nery: ¡¡¡PANTERA!!!

Para un jovencito de 22 años, su desenvolvimiento el 15 de agosto ante el experimentado nipón Shinsuke Yamanaka, y además como visitante en la ciudad de Kyoto, es digno de los más altos elogios, porque, al igual que el felino que representa en el ring, demostró fuerza, valentía y poder.

Con todas las variables en contra –público, diferencia horario… y hasta jueces, ¿por qué, no?-, Nery conquistó la corona gallo del Consejo Mundial (CMB), que Yamanaka había obtenido seis años atrás cuando la faja se encontraba vacante, al anestesiar en el undécimo episodio al también mexicano Christian Esquivel, en Tokio, capital de Japón.

Invicto en 29 combates, de ellos 27 triunfos, 19 por nocaut y dos empates, Yamanaka, de 34 años y conocido como la “Zurda de Dios” gracias al poder de su mano siniestra, estaba a las puertas de igualar el récord de 13 defensas exitosas de la corona minimosca de la Asociación Mundial (AMB), que alcanzó su coterráneo Yoko Gushiken entre 1976 y 1981.

Como capricho del destino, fue precisamente el guante izquierdo de Nery el que acarreó las mayores dificultades a Yamanaka, quien ante la avalancha de impactos del visitante, recibió compasión de su esquina, a escasos 29 segundos de concluir el cuarto episodio, lo que obligó al árbitro Michael Griffin a detener las acciones y declarar vencedor a Nery.

“Cuando comenzamos el combate, no pensé que Nery sería un rival tan fuerte”, dijo Yamanaka todavía contrariado por la actuación del azteca, oriundo de Tijuana, Baja California. “Y al principio pude conectar algunas veces con la izquierda”.

Astuto, inteligente, además de agresivo y sin temores ante el cúmulo de aspectos adversos, Nery ya en el segundo asalto sacaba ventaja a Yamanaka, quien carecía de respuesta defensiva a la zurda del mexicano. En el siguiente, el monarca lanzó algunas combinaciones que no hicieron daño significativo al retador.

Ya en el cuarto, un par de izquierdas de Nery parecieron aturdir a Yamanaka, que en lo adelante quedó a la deriva y expuesto a la andanada de impactos provenientes de los puños de su oponente y provocaron el desenlace unos instantes después.

“Pensé que estaba bien, pero Nery me golpeó mucho, lo que obligó a mi esquina a tirar la toalla”, añadió Yamanaka. “Deseo disculparme con mis fanáticos por no haber cumplido con las expectivas. Pero Nery merece todo mi reconocimiento”.

Coincidentemente, el llamado número de mala suerte también estuvo presente en Nery, que se convirtió en el campeón mundial número 13 de Tijuana y el 19 de toda Baja California.

“Ganarle a un gran campeón y en su casa, es una gran hazaña la que hice”, señaló Nery en una conferencia telefónica. “Todavía no me lo creo”.

Como la pantera, el poder mental, la determinación y el coraje de Nery sirvieron de escudo para contrarrestar la experiencia de Yamanaka, derrotado inobjetablemente ante un bisoño, que hacía su primera incursión fuera de su país.

Luis Nery, una pantera ante Shinsuke Yamanaka

Nery justificó su apodo de Pantera.

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