Deontay Wilder enfrenta a Bermane Stiverne en injusta revancha -Cuando parece que ya nada es capaz de asombrar a los amantes del boxeo, los dirigentes de la disciplina vuelven a sorprender con decisiones injustas y descabelladas, que lógicamente tienen una sola explicación: el dinero.

Si no, ¿cómo se explica la cercana revancha entre el campeón mundial estadounidense Deontay Wilder y el retador haitiano-canadiense Bermane Stiverne, prevista el sábado 4 de noviembre, en el Barclays Center, de Brooklyn, Nueva York?

Oriundo de Tuscalosa, Alabama, “El Bombadero de Bronce” Stiverne (38-0-0, 37 KOs) venció unánime a “B-Ware” Stiverne (25-2-1, 21 KOs), el 17 de enero de 2015, en el lujoso hotel y casino MGM Grand, de Las Vegas, donde el púgil de las barras y las estrellas arrebató a su adversario la faja de la división pesada, perteneciente al Consejo Mundial (CMB).

Después de aquella confrontación -vale señalar que Stiverne ha sido el único peleador que ha concluido todos los asaltos ante Wilder- el haitiano ha escalado solamente una vez el cuadrilátero y desde esa oportunidad transcurrieron un par de años.

Stiverne, quien cumple 39 años este 1 de noviembre, se impuso unánime al estadounidense Derric “El León” Rossy, en el penúltimo mes de 2015, en el hotel y casino Hard Rock, de Las Vegas y a partir de ahí su principal vínculo con el deporte de las narices chatas ha sido a través de las redes sociales, en las que ha estado muy activo.

Pero ni siquiera aquel triunfo resultó del todo convincente, pues Rossy (31-13-0, 15 KOs) derribó a Stiverne en el primer asalto y éste tuvo que emplearse a fondo para recibir el fallo de los tres oficiales asignados a la pelea.

No obstante, por obra y magia de los subterfugios del boxeo, el Consejo Mundial (CMB) señaló a Stiverne “retador obligatorio” de Wilder, quien posee como único mérito para su designación, que no sucumbió por la vía del sueño ante los puños del Wilder.

Semanas atrás, la injusticia estuvo a punto de derrumbarse debido a la presión del público, que reclamaba al zurdo cubano Luis “King Kong” Ortíz (27-0-0, 23 KOs) como el oponente que merecía chocar con el astro de Tuscalosa.

Pero para que se concretara el acuerdo, fue preciso que el haitiano, ahora radicado en Las Vegas, saliera del ruedo, aunque fuentes allegadas a las múltiples negociaciones, señalaron que Stiverne recibió una suma no revelada (especulan que de seis dígitos) para dejar el camino libre al Wilder-Ortíz.

Lamentablemente para el pugilismo, Ortíz, nacido en la oriental provincia de Camagüey y radicado en el sur de Florida, dio positivo a dos sustancias prohibidas en un chequeo sorpresivo efectuado a finales de septiembre en su cuartel general en Miami, lo que abrió nuevamente las puertas al inmerecido Wilder-Stiverne.

“Como puede justificar el Consejo Mundial a un retador obligatorio que no pelea en dos años, fue tumbado en ese combate y no ha hecho algo más”, dijo el promotor Lou DiBella durante una conferencia telefónica. “Pero no hay nada que podamos hacer y debo reconocer que estoy preocupado porque Stiverne no tiene nada que perder, pero Deontay sí”.

Tras la victoria judicial ante Stiverne en 2015, Wilder suma cinco triunfos antes del límite, el más reciente el 25 de febrero de este año, ante su coterráneo Gerald “El Gallo Negro” Washington, quien se encontraba invicto en 17 pleitos profesionales. La reyerta se efectuó en la Legacy Arena, de Birmingham, donde el monarca es un ídolo.

Alegando falta de competitividad de Stiverne en el enfrentamiento previo, Wilder ha expresado en múltiples ocasiones que no le interesa la revancha y que su objetivo inmediato es combatir frente a los otros campeones, principalmente el invicto joven inglés Anthony “AJ” Joshua (20-0-0, 20 KOs), vencedor por nocaut técnico en el décimo asalto del camerunés Carlos Takam, el 28 de octubre, en la ciudad de Cardiff, Gales.

“(NO desea la revancha) porque me tiene miedo”, dijo Stiverne al referirse a las palabras de Wilder. “Él conoce lo que sucederá cuando nos enfrentemos, aunque la gran mayoría piensa que seré un fácil bocadillo sobre el cuadrilátero. Ahora tendrá un rival diferente al de hace dos años, porque en aquella ocasión él sabe que yo estaba enfermo”.

Wilder, de 32 años, insiste que está cansado de las múltiples excusas de Stiverne, sobre todo que la derrota de 2015 ocurrió por una enfermedad que nadie sabía, ni fue revelada antes de la reyerta.

“Al no aceptar el revés, lo considero un mal perdedor”, señaló Wilder a BoxingScene.com. “Nunca pretendo justificar lo que hago, ni pongo ninguna excusa de los errores en mis combates. Ellos hicieron eso. Pero cuando pierdes, pierdes. Veremos qué dirán después del próximo fracaso”.

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