Nehomar Cermeño arruina el sueño -Beijing.- El venezolano Nehomar Cermeño llegó a la capital china desde su adoptiva Panamá como actor de reparto, elegido para hacer brillar al ídolo local Qiu “El Dragón” Xiaojun, la noche del pasado viernes.

Su condición de doble excampeón del mundo (interino) en las divisiones de 118 y 122 libras aportaba el pedigrí necesario para prestigiar el esperado éxito del protagonista; su pobre desempeño en las once trifulcas más recientes y sus 36 años de edad, once más que el anfitrión, hacían presagiar una velada con un desenlace feliz para el de casa.

Pero Cermeño arruinó los planes de los organizadores del cartel boxístico en el Gimnasio de la Capital, en Beijing, y dejó a Qiu con las ganas de hacer historia y adjudicarse el vacante cinturón supergallo que otorgaría la Asociación Mundial (AMB) a su nuevo campeón regular. Pudo más la veteranía y el oficio del de Sudamérica que la juventud y los deseos del asiático, respaldado por millones de sus compatriotas, miles de ellos presentes en la instalación, con un aforo de 17 500 personas.

Después de un primer asalto de estudio y poco para el recuento, en el segundo, el chino comenzó a animarse y a dictar el ritmo de las acciones, dominando el centro del cuadrilátero y conectando las mejores combinaciones de golpes. Pero su entusiasmo se vino abajo, literalmente, en los últimos trece segundos de esa fracción, cuando Nehomar le asestó un gancho de izquierda al pecho que lo atrapó fuera de balance y lo sentó en la lona.

Qiu protestó la caída e intentó explicarle al tercer hombre en el ring, el puertorriqueño Luis Pabón, mientras este le aplicaba el conteo de protección, que el derribo había sido producto de un resbalón. Pero el referí boricua no creyó en excusas (o la barrera idiomática conspiró en contra del chino) y asumió el zurdazo del oriundo de la Barcelona de Venezuela como válido.

Con el orgullo herido, El Dragón Xiaojun salió más activo en la tercera ronda y logró dominarla apoyándose en su mayor velocidad de piernas y manos. Hasta ahí le alcanzaría su ímpetu o, para ser más exactos, ese sería el único instante de relativa superioridad y protagonismo que le cedería Nehomar al anfitrión.

Del cuarto round en lo adelante, asalto tras asalto, el púgil sudamericano se fue fabricando una amplísima ventaja en las boletas, dándole al chino una lección de precisión en el golpeo con certeras combinaciones de dos y tres impactos consecutivos a la cabeza y el cuerpo, la mayoría potentes ganchos.

Golpe a golpe, Cermeño fue minando la resistencia de un Qiu que no renunciaba al ataque, pero lo hacía de manera muy desorganizada. Un fuerte derechazo en la séptima ronda puso al local en malas condiciones, aunque logró recuperarse en pie y continuar lo que restaba de esa fracción.

Ya a la altura del décimo, solo un nocaut podía salvar al asiático de la inminente derrota ante el desconcierto de sus parciales y las cámaras del canal de deportes más importante del país, CCTV-5 (China Central Television), que cubrieron en vivo las incidencias del evento.

Aunque sin mostrar la urgencia que exigía el momento, El Dragón Xiaojun buscó el golpe milagroso en el último tercio de pelea. Para su desagracia, el boxeador radicado en la capital panameña lo castigó inmisericorde cada vez que intentó arreciar su ofensiva. Su completo desastre sobrevino en el duodécimo round, cuando sí salió a noquear o ser noqueado, y se encontró con la segunda opción.

Mostrando una tremenda preparación física, camino a sus 37 años, Nehomar desplegó un ataque brutal, aterrizando sus puños una y otra vez en el mentón de un Qiu que solo daba marcha atrás. Transcurridos un minuto y diez segundos de ese asalto final, Luis Pabón se apiadó del chino y detuvo la golpiza, desatando la celebración eufórica de la comitiva del triunfador en medio del silencio sepulcral que reinaba en el coliseo.

Visiblemente emocionado, después de ser cargado en hombros por el segundo de su esquina, Cermeño se puso de rodillas en la lona por unos segundos, quizás intentando procesar el significado de esta victoria. El trío de jueces actuantes, el estadounidense Raul Caiz Jr. (107-101), el australiano Derek Milham (109-100) y el neozelandés Francisco Martinez (109-100), tenía al venezolano como amplio dominador en sus boletas en el instante de la detención (TKO-12).

Arropado en la bandera de su Venezuela natal, Nehomar Cermeño (24-5-1, 14 KOs) escuchó el anuncio oficial de su triunfo, un éxito que lo convierte en tricampeón mundial cuando su carrera profesional no atravesaba por el mejor momento (4 victorias ante rivales de poco nivel, 1 empate, 5 fracasos y una salida sin decisión, el pasado octubre, era su saldo en las últimas 11 presentaciones desde marzo de 2010).

Qiu Xiaojun (20-3, 9 KOs) queda en deuda con su numerosa hinchada y deja a la AMB con las ganas de exhibir en su interminable nómina de campeones el nombre de un chino.

Cermeño ya había ostentado este cinturón supergallo en 2013, como titular interino, pero lo había perdido al mantenerse más de dos calendarios sin efectuar combates oficiales. En 2009, su almanaque más exitoso como púgil rentado, igualmente había conseguido ceñirse una faja interina de la AMB, pero en la división gallo (118 libras).

Con este resultado en Beijing, el venezolano completa nuevamente el cuadro surrealista de las 122 libras en los dominios de la AMB. Desafiando el absurdo, la entidad boxística con oficinas centrales en Panamá tiene ahora tres campeones en esta categoría: el cubano Guillermo “El Chacal” Rigondeaux (16-0, 10 KOs), con la etiqueta de súper, Cermeño, la de regular, y el mexicano Moisés “Chucky” Flores (25-0, 17 KOs), dueño del cetro interino.

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