Profesionalismo y amateurismo: Gran contraste -El 2016 no fue la excepción. Una vez más, el gran contraste del boxeo mexicano fue el abismo que separa al profesionalismo del amateurismo.

Mientras la lista de campeones y campeonas del mundo en el ámbito rentado se mantuvo más o menos igual, en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, apenas una medalla de bronce fue el consuelo para México.

Saúl “Canelo” Álvarez, quien ratificó su condición de imán para las ventas y se apoderó de la faja mundial de las 154 libras que avala la Organización Mundial (OMB), lideró a un grupo en el que resultaron muy gratas sorpresas los jóvenes, de 25 años, Gilberto “Zurdo” Ramírez, y Oscar Valdez.

Ramírez demolió al veterano, y gran favorito, el alemán Arthur “El Rey Arturo” Abraham, el 9 de abril, en Las Vegas, y con indiscutible voto unánime en su favor se apoderó de la corona de las 168 libras de la OMB.

Valdez, aplicó el cloroformo al argentino Matías Rueda para apoderarse, el 23 de julio, del cetro de las 126 libras de ese organismo, que defendió con otro nocaut a costa del japonés Hiroshige Osawa, el 5 de noviembre, ambos triunfos en Las Vegas.

Sin embargo, en los Juegos de Rio 2016, apenas una medalla de bronce de Misael “El Chino” Rodríguez, en 75 kilogramos, sirvió de consuelo a México, pues otros cinco pugilistas quedaron en el camino hacia los premios en el torneo varonil, mientras que ninguna mujer pudo clasificar para la justa polideportiva cuatrienal.

La culpa de este contraste tan evidente -y tan remarcado- la tiene lo que se denomina “estilo mexicano” de boxeo, que si bien le depara magníficos dividendos a los profesionales, no le es útil para nada a los representantes del llamado país azteca en el contexto amateur.

La guardia ortodoxa, con ambas piernas virtualmente sembradas en el encerado, y un sistema de golpeo que deja brechas defensivas, es el rasgo distintivo de los mexicanos. Es la fórmula del intercambio descarnado, la guerra sin cuartel, que indudablemente agrada, y constituye un espectáculo que se vende bien.

Habitualmente muy resistente, el guerrero azteca en el profesionalismo suele ir de menos a más, basado en esa típica “estamina” física, que de nada le sirve en el fugaz contexto aficionado, donde en tres rounds de nueve minutos ha acumulado tantos golpes en contra, que ya no puede remontar.

Por eso es que el país que más campeones mundiales ha tenido a lo largo de toda la historia del boxeo profesional, alrededor de 215 si se tienen en cuenta todos los fajines que hay en juego por estos tiempos, apenas ostenta 13 medallas, de ellas dos de oro, en la larga historia de los Juegos Olímpicos Modernos, que se inició en Atenas, Grecia, en 1896.

En 2016, a los logros ya citados de “Canelo” Álvarez, Ramírez y Valdez, hay que adicionar los de Ganigan López (108 libras, Consejo Mundial –CMB-), Abner Mares (126 libras, Asociación Mundial-AMB-), así como la retención de las coronas ganadas en 2015, por José Argumedo (105 libras, Federación Internacional –FIB-) y Francisco Vargas (130 libras, CMB).

Mención para Carlos “El Príncipe” Cuadras, que defendió con gallardía su título mundial de las 115 libras el 10 de septiembre, en el Forum de Inglewood, en California, aunque a la postre cayó vencido en un vibrante combate ante el nicaragüense Román “Chocolatito” González, considerado por la mayoría de los expertos como el número uno libra por libra del planeta, en la actualidad.

 

Facebook Comments