Ward vs. Kovalev II: la primacía libra por libra en juego -Una defensa depurada y un estilo elusivo. Un constante asedio del oponente y una pegada demoledora. Dos maneras antagónicas de entender la ciencia del boxeo, pero un mismo objetivo: terminar a toda costa con el brazo en alto y demostrar quién es el verdadero soberano de los semipesados en el mundo…, sin polémicas en esta segunda ocasión.

Si Andre Ward (31-0, 15 KOs) afirmara que no está harto de escuchar mencionar el nombre de Sergey Kovalev (30-1-1, 26 KOs) en cuanto lugar público frecuenta, estaría mintiendo impúdicamente. Lo mismo valdría para el ruso, su contrario del próximo 17 de junio en Las Vegas, la misma ciudad que el pasado 19 de noviembre los vio rivalizar por primera vez.

Sin haberse profesado nunca un afecto especial, lo que ocurrió aquella noche en la T-Mobile Arena no hizo más que exasperar la rivalidad que existe entre ambos. Ward se ganó el favor de los jueces con una votación unánime por la mínima diferencia (114-113 en las tres boletas), pero el estadounidense, que tuvo que levantarse de la lona en el segundo round antes de celebrar el éxito, ha debido desde entonces soportar los comentarios de aquellos que vieron triunfador al ruso.

Kovalev perdió en el proceso los tres cinturones que lo avalaban como la máxima figura en las 175 libras: los de la Asociación y la Organización Mundial (AMB y OMB), así como el de la Federación Internacional (FIB). Más difícil de digerir que el hecho de ceder sus títulos y dejar escapar su récord invicto, haya sido quizás el saberse tan cerca de la victoria, prácticamente acariciarla con las yemas de los dedos, y sentirse que al final le fue arrebatada.

Para suerte de los dos, el uno por querer acallar a sus críticos cuanto antes y el otro, en su afán por impartir justicia con sus propias manos, la revancha está al doblar de la esquina. Menos de un mes nos separa del instante en que serán presentados en el ensogado del Mandalay Bay Events Center de la Ciudad del Pecado para, acto seguido, quedar nuevamente a solas en un espacio de poco más de 20 metros cuadrados.

La recompensa al vencedor se duplica en esta esperada secuela: si en noviembre coqueteaban con la cima del ranking libra por libra, hoy, más de una publicación especializada, comenzando por la Biblia del pugilismo, la revista The Ring, los ubica primero y segundo de su escalafón. También es este premio cuestión de debate en el caso del norteamericano y una razón más para buscar un resultado concluyente frente al de Europa del Este.

No debe haber excusas esta vez y todo parece encarrilarse en esa dirección, desde la expresa voluntad de ambos de dictar sentencia de manera categórica, hasta el hecho de que los tres elegidos para anotar el veredicto –Glenn Feldman, Dave Moretti y Steve Weisfeld–, aunque se trata de un trío de compatriotas de Ward, son considerados entre los más justos de un gremio propenso a los escándalos o –sin ánimo de hacer más leña del árbol caído– a las pifias arbitrales más horrendas.

Andre, de 33 años, uno menos que su devenido archirrival, partirá con la etiqueta de favorito, pues si algo lo ha caracterizado a lo largo de su exitosa carrera en el boxeo profesional es la virtud de saber implementar los ajustes necesarios en dependencia de quién sea el hombre de la esquina contraria. Precisamente fue esta arma de su arsenal, sumada a una voluntad acerada, lo que le permitió revertir la debacle que se le encimaba contra Sergey en el segundo asalto.

Apoyándose en su mayor velocidad de manos para dominar los intercambios de golpes en la corta distancia, obligando al ruso a desgastarse en reiterados forcejeos para neutralizar sus embestidas y moviéndose por el encerado como un auténtico felino, el medallista de oro olímpico de los cruceros (81 kg) en Atenas 2004 sumó varios rounds a su cuenta y, a la postre, convenció a quien debía convencer, no así a muchos aficionados y entendidos.

Su natal Oakland podría celebrar por partida doble un mes de junio histórico para el deporte en esta urbe californiana, pues otra revancha tendrá lugar en la final de la NBA, con los Warriors intentando sepultar en el olvido el descalabro de la pasada temporada frente a los Cavaliers (perdieron la serie después de ir delante 3-1), en una trilogía inédita en la mejor liga profesional de baloncesto del globo terráqueo.

Sin embargo, en este duelo que se dirimirá en Golden State y Cleveland, el resultado final, y he ahí una de las singularidades que hacen grande al pugilismo, no dependerá exclusivamente –aunque sí en grado sumo– de lo que puedan hacer LeBron James y Kyrie Irving contra Stephen Curry y Kevin Durant.

Por el contrario, al que emerja campeón en Las Vegas con la distinción añadida de ser el mejor libra por libra, a lo largo de 36 minutos o lo que tarde en subyugar a su rival, tendrá que bastarle únicamente su talento y energías; la puntería de sus puños enguantados y esa mentalidad pétrea que resulta imprescindible para lidiar con los posibles impactos a la zona hepática, la mandíbula o la sien.

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